Written by 2:11 pm ANÁLISIS

Pobreza, una realidad persistente que requiere acción urgente

Aunque la reducción de la pobreza es una realidad, la ONU asegura que 1.200 millones de personas, de 111 países, todavía viven en situación de pobreza multidimensional. Y no es solo una cuestión económica: la nutrición, acceso a conocimiento, vivienda, agua y saneamientos o participación institucional también cuenta.

La mitad de los 75 países más vulnerables del mundo se enfrentan por primera vez en este siglo a una creciente brecha de ingresos con las economías más ricas, según un informe del Banco Mundial publicado este lunes. Dicho informe analiza los riesgos y oportunidades a los que se enfrentan los 75 países que pueden optar a subvenciones y préstamos sin intereses o con intereses bajos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) del Banco Mundial.

En esos países vive una cuarta parte de la humanidad: 1.900 millones de personas, pero en ellos “se está produciendo un retroceso histórico”. En el periodo 2020-24, la renta per cápita media de la mitad de los países de la AIF ha crecido más lentamente que la de las economías ricas. Esa es la mayor proporción desde principios de siglo, alerta.

Como consecuencia, se está ampliando la brecha de renta. Uno de cada tres países de la AIF es más pobre, por término medio, de lo que era en vísperas de la pandemia de la covid. La tasa de pobreza extrema es más de ocho veces superior a la media del resto del mundo: una de cada cuatro personas de los países de la AIF sobrevive con menos de 2,15 dólares al día. El 92% de las personas que padecen hambre o malnutrición viven en estos países. La mitad de estos países están endeudados o corren un alto riesgo de estarlo. Sin embargo, a excepción del Grupo del Banco Mundial y otros donantes multilaterales para el desarrollo, los prestamistas extranjeros, tanto privados como estatales, se han alejado de ellos, denuncia el organismo.

“La combinación de vulnerabilidades anteriores a la pandemia, crisis recientes superpuestas y problemas más amplios —incluidos los efectos del cambio climático y el aumento de la violencia y los conflictos— está lastrando el desarrollo económico y social de estos países”, señala el informe.

El principal riesgo, advierte el Banco Mundial, es que la débil trayectoria actual de los países de la AIF persista o se deteriore, provocando una década perdida en materia de desarrollo. Los países de ese grupo están especialmente expuestos a las catástrofes naturales relacionadas con el cambio climático, que con el tiempo se han hecho más frecuentes y costosas. Los casos de violencia y conflicto también han aumentado bruscamente en muchos países de la AIF en los últimos años, lo que supone una amenaza más para la estabilidad y el crecimiento económicos, añade.

Más de la mitad de los países de la AIF (39 de los 75) se encuentran en el África subsahariana. En Asia Meridional, todos los países, excepto India, pertenecen al grupo. Hay 14 (principalmente pequeños Estados insulares) en Asia Oriental, y ocho en América Latina y el Caribe (Nicaragua, Honduras, Haití, Guyana y varios Estados insulares). Del total, 31 países tienen una renta per cápita inferior a 1.315 dólares anuales y 33 son Estados frágiles y afectados por conflictos.

“El mundo no puede permitirse dar la espalda a los países de la AIF”, afirma Indermit Gill, economista jefe del Grupo del Banco Mundial, a través de un comunicado.

“El bienestar de estos países siempre ha sido crucial para las perspectivas de prosperidad mundial a largo plazo. Tres de las actuales potencias económicas del mundo —China, India y Corea del Sur— fueron en su día prestatarios de la AIF. Los tres prosperaron de forma que redujeron la pobreza extrema y elevaron el nivel de vida. Con la ayuda del exterior, la actual hornada de países AIF tiene potencial para hacer lo mismo”, añade.

Según datos de organizaciones internacionales como el Banco Mundial y las Naciones Unidas, más de 700 millones de personas viven en extrema pobreza, sobreviviendo con menos de $1.90 al día.

El informe señala el potencial que tienen esos países para aprovechar sus poblaciones más jóvenes, sus ricos recursos naturales y su abundante capacidad para generar energía solar. Sin embargo, para aprovechar la disponibilidad demográfica, necesitan mejorar la educación y la sanidad y garantizar la disponibilidad de puestos de trabajo. Y para sacar partido a su riqueza en recursos naturales, deben mejorar los marcos políticos y crear instituciones más fuertes y capaces de una mejor gestión económica, sostiene el Banco Mundial.

“Esto significa mejorar los marcos de política fiscal, monetaria y financiera y avanzar en una serie de reformas estructurales para fortalecer las instituciones y mejorar el capital humano”, indica Ayhan Kose, economista jefe adjunto del Banco Mundial.

“Un apoyo financiero significativo de la comunidad mundial es esencial para permitir el progreso de los países AIF y superar el grave riesgo de un estancamiento más prolongado”, indica el informe. Una mayor cooperación en cuestiones de política mundial —como la lucha contra el cambio climático, la facilitación de reestructuraciones de deuda más oportunas y eficaces, y el apoyo al comercio y la inversión transfronterizos— también es esencial para ayudar a respaldar los esfuerzos de los países de la AIF y evitar una década perdida en materia de desarrollo. “La historia deja claro que cerrar las brechas de renta y desarrollo entre las naciones más pobres y las más ricas beneficia a todas las economías”, afirma el Banco Mundial.

Panorama en América Latina

América Latina ha experimentado una mejora de sus indicadores de pobreza y desigualdad económica luego de la crisis de coronavirus, pero ¿es esta mejoría suficiente? Lo cierto es a pesar de la caída en las tasas de pobreza en 3,6 puntos porcentuales entre 2021 y 2022, aún hoy Latinoamérica cuenta con un 29% de personas bajo la línea de la pobreza y aproximadamente un 11,2% debajo de la línea de pobreza extrema.

Esta realidad ha llevado a que, a pesar de sus diferencias, todos los países latinoamericanos enfrenten desafíos similares alrededor de la desigualdad sociales tales como la falta de acceso a la salud, los altos niveles de violencia y criminalidad y los bajos niveles de escolaridad.

En México la pobreza es un tema del día a día en el país norteamericano, donde aproximadamente 46,8 millones de personas sufren importantes carencias, es decir, casi un 36,3% de la población. Sin embargo, esta persistencia de la desigualdad no afecta a todas las regiones de la misma manera; y es que, hasta el día de hoy, son los estados del sur quienes concentran mayores niveles de pobreza.

Por ejemplo, Chiapas es la región más afectada por la desigualdad, donde más de 6 de cada diez mexicanos pasan por penurias económicas. En el polo opuesto se sitúan varias entidades norteñas como Baja California, Nuevo León, Chihuahua y Coahuila. Asimismo, Chiapas lidera la clasificación de estados por porcentaje de la población en situación de pobreza extrema, posición que no resulta sorprendente dada la escasez de factores productivos y el bajo nivel de escolaridad de las comunidades rurales.

No obstante, el año 2022 fue un año de notable mejoría para el país azteca que logró sacar a cerca de 9 millones de mexicanos de la situación de pobreza. Esta mejoría se atribuye a varios factores tales como el incremento del 23% en el salario mínimo o el aumento de alrededor del 16% de los programas de transferencias sociales.

En Haití, el asesinato del presidente Jovenel Moïse el 7 de julio de 2021, sumió a Haití a una crisis política y de seguridad que ha agravado la ya frágil situación de sus habitantes, incrementando las cifras de pobreza extrema. No es sorpresa, entonces que desde 2021 en adelante, la situación social haya conducido a un incremento de las tensiones y niveles de violencia, con consecuencias devastadoras sobre la población local, incluida la falta de acceso al agua potable, alimentos y educación.

Son todos estos fenómenos lo que han situado a Haití entre los países con mayor desigualdad en la distribución de ingresos, así como el menor PBI per cápita de la región.

Si bien se han implementado políticas y programas sociales para abordar la pobreza en la región, los desafíos persisten debido a factores como la corrupción, la inestabilidad política y la falta de inversión en sectores clave.

Cuando se habla de pobreza en América Latina es inevitable referirse a la situación que está viviendo Venezuela. De igual forma, tampoco puede eludirse su nombre al mencionar la riqueza de recursos naturales en la región. La historia reciente del país, incluso antes de la revolución bolivariana, ha estado marcada por la mala asignación de recursos, las sanciones internacionales y la alta dependencia de los precios internacionales del petróleo.

Ahora bien, a partir de la subida al poder de Nicolás Maduro en 2013, la tasa de inflación del país comenzó a incrementarse de forma acelerada hasta registrar una hiperinflación del 65.374,08% en 2018 y una reciente de 199,98% en 2024. A la aguda crisis política y económica se sumó la escasez de productos básicos y de recursos tan vitales como la gasolina, que generó a su vez problemas de movilidad entre la sociedad venezolana.

Ante este panorama no es de extrañar que de 2013 a 2023 el porcentaje de la población en situación de pobreza haya aumentado del 32,6% al 82,8% y aproximadamente tres de cada cuatro venezolanos padezcan pobreza extrema. Dichas cifras provienen de una encuesta realizada por la Universidad Católica Andrés Bello y superan con mucho las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística de Venezuela. Las condiciones de vida del pueblo venezolano han llegado a momentos críticos, al grado que casi a un 40% de la población le gustaría ver una invasión militar extranjera con el fin de mejorar la situación nacional.

Sin embargo, el estado actual de la política no parece que vaya a cambiar a corto plazo. De hecho, las próximas elecciones presidenciales en Venezuela, programadas para el 28 de julio de 2024, ya se han visto envueltas en cuestionamientos debido al escándalo en torno a la exclusión de la candidata opositora María Corina Machado.

Entre el primer semestre de 2022 y el primero de 2023 la pobreza en Argentina aumentó 4,4 puntos porcentuales. Esta tendencia al crecimiento de la desigualdad es la continuación de una situación de estancamiento económico en los últimos diez años del país que ha llevado a que Argentina figuré desde el 2019 entre los 10 países más pobres de América Latina y con aproximadamente uno de cada diez habitantes en estado de indigencia.

Algunas de las razones detrás de este empeoramiento en los indicadores están vinculados a los altos niveles de inflación, el aumento en los precios de los alimentos y la crisis de deuda pública que sitúan a la nación albiceleste como la mayor deudora de Sudamérica.
Estos desafíos económicos, en su conjunto, han llevado a que las elecciones presidenciales del 2023 dieran por ganador a Javier Milei, uno de los principales candidatos opositores a las políticas del Frente de Todos, partido que gobernó hasta diciembre de 2023. Desde el inicio de su mandato, Milei se ha enfrentado a un contexto de altas tasas de inflación y de desempleo, con un programa económico enfocado en el recorte del gasto público y privatizaciones que han avivado el descontento general, especialmente, en el ámbito económico y social.

El escenario colombiano

En Colombia, un país rico en cultura y recursos naturales, la pobreza afecta a una parte significativa de la población. A pesar de los avances económicos y sociales en las últimas décadas, millones de colombianos luchan contra la pobreza y la desigualdad, especialmente en áreas rurales y comunidades marginadas.

La pobreza en Colombia se manifiesta de diversas formas, desde la falta de acceso a servicios básicos como la educación y la salud, hasta la escasez de oportunidades laborales dignas. La violencia, el desplazamiento forzado y la corrupción también han contribuido a la perpetuación de la pobreza en algunas regiones del país.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) reveló que la pobreza multidimensional en Colombia, indicador que evalúa la calidad de vida de los hogares, presentó una notable disminución en 2023.

Según las cifras oficiales, el índice se situó en el 12,1%, lo que representa el porcentaje de hogares viviendo bajo condiciones de pobreza multidimensional.

Esta cifra supone una reducción de 0,8 puntos porcentuales en comparación con 2022, que marcó no solo un cambio estadísticamente significativo, sino también estableció un nuevo récord a la baja en la historia del país en términos de este tipo de pobreza. La disminución de la pobreza multidimensional es un indicativo de avances en la mejora de las condiciones de vida de la población colombiana.

El Dane reportó que el índice de pobreza multidimensional alcanzó el 8,3% en las principales áreas urbanas del país, en contraste con un 25,1% en las zonas rurales y dispersas, evidenciando la persistente desigualdad territorial.

Sin embargo, es notable que en estas últimas áreas se observó una disminución del indicador en 2,2%, una reducción considerada estadísticamente significativa. Por otro lado, en las áreas urbanas, la baja fue más modesta, de solo 0,4 puntos porcentuales.

La pobreza en Colombia se manifiesta de diversas formas, desde la falta de acceso a servicios básicos como la educación y la salud, hasta la escasez de oportunidades laborales dignas. La violencia, el desplazamiento forzado y la corrupción también han contribuido a la perpetuación de la pobreza en algunas regiones del país.

En términos concretos, el Dane señaló que actualmente 6,27 millones de personas en el país se encuentran en situación de pobreza multidimensional, lo que implica que aproximadamente 338.000 personas salieron de dicha condición de pobreza entre 2022 y 2023. Desglosando estos números por tipos de áreas, se encuentra que en las cabeceras urbanas hay 3,33 millones de personas afectadas, mientras que en regiones rurales y dispersas la cifra es de 2,93 millones.

El informe identifica varios factores clave que contribuyen a la persistencia de la pobreza en Colombia, incluido el trabajo informal, el bajo nivel educativo y la falta de acceso a servicios básicos.

La incidencia de la pobreza continuó siendo más elevada en los hogares encabezados por mujeres en comparación con aquellos liderados por hombres. De acuerdo con el análisis de género realizado por el Dane, se observó que el porcentaje de pobreza en hogares liderados por mujeres alcanza el 13,2% a nivel nacional, segregándose en un 10% en zonas urbanas centrales y un 27,8% en áreas rurales y poblados.

Por otro lado, los hogares con jefatura masculina presentaron una tasa de pobreza del 11,2% en el territorio nacional, con una menor proporción del 6% en las cabeceras y un 23,6% en zonas rurales y poblados.

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