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El varamiento del Manatí en el Magdalena Medio

La Eco-pedagogía o educación ambiental permite resolver múltiples interrogantes alrededor de la educación en materia ambiental. Podemos afirmar que no es una tarea fácil, porque se erigen diversos factores que imposibilitan crear un argumento sólido que derribe todas las barreras que limitan un desarrollo sostenible. Indefectiblemente debemos volver a lo fundamental, al estudio de los principios como eje fundamental del desarrollo de toda cultura o nación.

Por: Alexander Mateus Rodríguez / En la 32ª Conferencia General de la Unesco (2003), se reconoció que la Carta de la Tierra es una guía ética para el desarrollo sostenible, que se resumen en estos cuatro puntos: 1. Respeto y cuidado por la comunidad de vida. 2. Integridad ecológica. 3 justicia social y económica; y, 4. Democracia, no violencia y paz.

El llamado es a cuidar diariamente el medio ambiente, la naturaleza que tiene todos los recursos que garantizan la vida de las futuras generaciones. Por ello, no podemos dejar de pensar en el más débil y vulnerable, en los animales que actualmente se encuentran en peligro, especialmente la defaunación del manatí, mamífero considerado “ingeniero de los ecosistemas” porque al pasar con su cola moldean las cuencas, ciénagas y ríos. En Colombia existen dos especies, el manatí del Caribe (Trichechus manatus) y el Amazónico (Trichechus inunguis).

Entre el último semestre de 2023, hasta la fecha, se han encontrado más de 34 manatíes muertos -este número puede ser superior-, producto del cambio climático, la sedimentación, la contaminación del agua -presencia de metales pesados-, el vertimiento de lodos, desechos petroquímicos, ganadería, caza ilegal, pérdida de hábitat y la presencia de especies invasoras son las principales causas que ponen en peligro la supervivencia del Manatí Antillano.

Recientemente la Red de Varamientos de Manatíes del Magdalena Medio, y las comunidades locales, logró reubicar a nueve manatíes varados en el caño Peruétano -Puerto Wilches-. De acuerdo con cifras oficiales: “Desde enero de 2010 y hasta julio de 2023 se han registrado 40 varamientos en el Magdalena Medio. En el departamento de Santander se han presentado el 52,5% de los casos, principalmente en la Ciénaga de Paredes, ubicada entre Puerto Wilches y Sabana de Torres; Barrancabermeja, Cimitarra y Puerto Parra”.

Es bueno dejar constancias cuando sabemos que la historia puede darnos la razón. Somos responsables de la extinción del Manatí Antillano. Tenemos una memoria muy reducida, olvidamos con facilidad que 19 de febrero de 2024, en el Distrito de Barrancabermeja, se encontró un manatí muerto de aproximadamente 2 meses de edad en el sector El Tesoro de la ciénaga San Silvestre -literalmente sentí que perdí uno de mis hijos-. Así como mueren personas cada día, también están muriendo otras especies, lo vemos como algo normal, desechando que fueron creadas para nuestro beneficio, y que garantizan un equilibrio en la naturaleza.

Debemos asumir posturas anticipadas en materia ambiental. Doctrinalmente se ha dicho que: “Es sabido que el principio de precaución nace en el seno de disposiciones ambientales dictadas en Alemania durante la década de los años setenta, relativas a la justificación de la necesidad de leyes restrictivas sobre los usos del agua y el aire frente a ciertas conductas o acciones peligrosas para la salud humana y el medio ambiente”.[1]

Glosando al académico Hans Jonas (1995), propuso tres principios esenciales para la intervención ecológica: «1. Principio de responsabilidad: obrar con total responsabilidad frente al entorno, tanto con las actividades humanas como con la toma de decisiones técnicas adoptadas. Preservar la permanente ambigüedad de la libertad del hombre, que ningún cambio de circunstancias puede jamás abolir, preservar la integridad de su mundo y de su esencia frente a los abusos de su poder. 2. Principio de precaución: prevenir todo riesgo de desastre ecológico, yendo incluso mucho más allá de las simples recomendaciones de las leyes vigentes; y 3. Principio de transparencia: informar puntual y correctamente, contribuir a la disfunción de las observaciones y hacer aumentar la visibilidad de la información sobre el deterioro ecológico, sus consecuencias y sus remedios».

Contamos con diversos instrumentos normativos, administrativos y pedagógicos, para superar los conflictos ambientales que atraviesa toda el Magdalena Medio. Siempre debe buscarse un equilibrio entre la producción y la conservación del medio ambiente, concertando oportunamente con las comunidades políticas públicas amigables con los ecosistemas, que garantice la subsistencia o mejores condiciones de vida de las futuras generaciones.

La eficacia de las actuaciones administrativas o empresariales dependerá de la garantía del principio de participación ciudadana en cada iniciativa económica potencialmente nociva para el medio ambiente. Por ello, debemos propender por la protección de animales en peligro, para evitar la extinción de especies importantes como el manatí, ser sintiente, sujeto de derechos, que no existen de forma aislada; están interconectados y requieren una atención especial por parte de la sociedad y el Estado.

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*Abogado especialista en Derecho Administrativo, egresado de la Universidad Santo Tomas, Seccional Bucaramanga. Funcionario de la Rama Judicial.

E-mail: alexandermateusrodriguez@gmail.com.

Esta columna encierra el pensamiento del autor, en ningún caso es la posición de Río Grande.

[1] El principio de Precaución Ambiental. La práctica argentina, buenos aires, editorial Lerner 2008, p. 20.

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