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Día del Estudiante Caído: memoria y lucha

El 8 y 9 de junio se conmemoran en Colombia como el Día del Estudiante Caído, una fecha que guarda en su esencia un profundo sentimiento de resistencia y memoria histórica. Estas jornadas no son solo actos simbólicos, son recordatorios vivos de la lucha estudiantil por la justicia, la equidad y los derechos humanos en un país marcado por la violencia y la desigualdad.

Por: César Andrés Solarte Macana | La historia de estas fechas se remonta a 1929, cuando Gonzalo Bravo Pérez, un estudiante de la Universidad Nacional de Colombia, fue asesinado durante una manifestación en contra del gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez. Este evento encendió la llama de la movilización estudiantil en todo el país, un fuego que ha perdurado y se ha avivado en diversos momentos de nuestra historia. Cada año, los estudiantes recuerdan a Bravo Pérez y a muchos otros que, como él, han caído en la lucha por un país más justo.

El asesinato de la joven Sandra Rondón Pinto, estudiante de séptimo grado de bachillerato del Colegio Diego Hernández de Gallegos, ocurrido el 3 de mayo del año 1987 en Barrancabermeja (Santander), por las mismas personas de los grupos paramilitares al servicio de la Red de la Armada 07 responsables del atentado del 22 de abril de 1987, contra los dirigentes líderes de la Unión Patriótica, César Martínez y Miguel Castañeda y del líder campesino Alirio Traslaviña.

Gregorio López Lenis, desaparecido el 23 de marzo de 2001 en Barrancabermeja, líder estudiantil y de la base social de Credhos. Según el libro Noche y Niebla del Banco de Datos del Cinep: “Paramilitares del Bloque Central Bolívar de las AUC desaparecieron a José Gregorio, durante hechos ocurridos en el barrio El Progreso de Barrancabermeja”. Según la denuncia, “era líder estudiantil de la Universidad de la Paz, Unipaz. Antes de su desaparición fue torturado en el barrio Villarelys a donde la familia lo fue a buscar”.

Son solo un par de casos para mencionar en Barrancabermeja y que nos debe llevar a construir nuestra memoria histórica de los procesos estudiantiles en Barrancabermeja y el Magdalena Medio.

En la actualidad, la conmemoración de estas fechas cobra una relevancia especial. En un contexto donde la protesta social sigue siendo objeto de represión y donde las voces disidentes enfrentan amenazas y violencia, el recuerdo de los estudiantes caídos es un llamado a la resistencia pacífica y a la unidad.

La juventud colombiana ha demostrado una y otra vez ser un pilar fundamental en la construcción de un futuro mejor. Desde las marchas por la educación pública de calidad hasta las protestas contra la brutalidad policial, los estudiantes han estado al frente de los cambios sociales más significativos.

Sin embargo, la lucha estudiantil no es un fenómeno aislado. Está intrínsecamente ligada a las grandes problemáticas nacionales: la corrupción, la falta de oportunidades, la inequidad social y la violencia. Los estudiantes caídos representan la sangre derramada en una nación que aún busca su camino hacia la paz y la reconciliación. Su sacrificio no debe ser en vano, sino un impulso para continuar trabajando por un país donde las diferencias se resuelvan a través del diálogo y el entendimiento mutuo.

El Día del Estudiante Caído también es una oportunidad para reflexionar sobre el papel de las instituciones educativas en la formación de ciudadanos críticos y comprometidos con su entorno. La universidad debe ser un espacio de pensamiento libre, donde se cultive la solidaridad y el respeto por los derechos humanos. No podemos permitir que el miedo y la intimidación silencien las voces que claman por justicia.

En este sentido, es fundamental que la sociedad colombiana en su conjunto apoye las causas estudiantiles. Los cambios estructurales necesarios para mejorar el país no se lograrán sin el compromiso de todos los sectores. Desde el hogar hasta las esferas de poder, debemos fomentar una cultura de paz y respeto, donde los jóvenes sientan que sus demandas son escuchadas y valoradas.

El 8 y 9 de junio no son solo días para recordar a los estudiantes caídos; son días para renovar nuestro compromiso con la justicia social y la defensa de los derechos humanos. La memoria de estos jóvenes debe ser una guía para seguir luchando por una Colombia donde todos puedan vivir con dignidad y en paz.

Que su sacrificio nos inspire a construir un futuro donde la educación sea un derecho garantizado y donde la voz de los estudiantes nunca más sea acallada por la violencia.

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*Comunicador Social, director de Comunicaciones en Qualita SAS, corresponsal de Prensa Rural, 20 años en Magdalena Medio.

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Esta columna encierra el pensamiento del autor, en ningún caso es la posición de Río Grande.

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